«Rusofobia» y después…

En el primer párrafo de la «Investigación sobre los principios de la moral» 1 David Hume nos advierte:

«Las disputas con hombres que se obstinan en mantener sus principios a toda costa son las más molestas de todas, quizá con la excepción de aquellas que se tienen con individuos enteramente insinceros que en realidad no creen en las opiniones que están defendiendo, y que se enzarzan en la controversia por afectación, por espíritu de contradicción y por el deseo de dar muestras de poseer una agudeza y un ingenio superiores a los del resto de la humanidad».

Y continúa:

«De ambos tipos de personas debe esperarse la misma adherencia a sus argumentos, el mismo desprecio por sus antagonistas y la misma apasionada vehemencia en su empeño por hacer que imperen la sofistería y la falsedad. Y como el razonamiento no es la fuente de donde ninguno de estos dos tipos de disputantes saca sus argumentos, es inútil esperar que alguna vez lleguen a adoptar principios más sólidos guiándose por una lógica que no hable a sus afectos».

La «noticia» es anterior al suceso

Estas reflexiones invitan a sorprenderse de la capacidad de aprendizaje de los «divulgadores de noticias», «tertulianos»… para pasar de temas de «actualidad» como el SARS-CoV-2 a la cuenca del río Donets, describiendo y explicando ambos fenómenos, uno epidemiológico y sanitario, el otro geográfico, político e histórico con tanta soltura y prestancia en tan breve tiempo. Es admirable la «capacidad» que manifiestan, sabiendo de las dificultades académicas que requiere adquirir tales conocimientos, exponiéndolos de forma tan generosa y altruista en prensa, radio y televisión a sus semejantes que conforman masas ocupadas en menesteres pedestres, conocimientos que de otro modo no podrían tener a su alcance.

Masas que -ateniéndonos a la dedicación misionera de los informadores- parecen tan solo disponer a nivel sanitario de unos rudimentarios conocimientos sobre los beneficios de los protectores solares y en el orden geográfico tan sólo pueden manejar con soltura los caminos que por carretera, tren, metro o autobús la conducen a sus puestos de trabajo, de ocio, a lugar de asistencia social, sanitaria, etc…

En 1999 se publica en París un breve ensayo prologado por Horacio González titulado «La fabricación de la información» 2. En él sus autores señalan que el trabajo del periodista no consiste más en rendir cuenta de la realidad, sino en hacer entrar a esta en el «mundo de la representación» (comillas mías), «representación» que construyen los propietarios de los medios que circunstancial y precariamente —la mayoría de las veces— los contraten.

Una representación puede ser producto de, por ejemplo, la ilusión del amante que construye el rostro prefecto de su amado, representación inconsciente y en consecuencia subjetiva alimentada por el fuego del deseo o de la elección (cuesta aceptar que una elección pudo no ser la adecuada).

Tenemos también la representación que construye el dramaturgo con la complicidad de sus lectores, actores y espectadores necesariamente cómplices. El arte sin al menos un cómplice es imposible.

Otro tipo de representación es aquella producto de un «plan perverso de manipulación» que poco tiene que ver con el amor o con el arte, pero que también requiere cómplices. Son mayoritariamente conscientes quienes lo maquinan, siendo inconscientes por lo general aquellos a quienes va dirigido, sus receptores. En el salvaje campo de la industria de la información encontramos directores de periódicos, programas de radio y televisión que por necesidad o convicción obedecen y cumplen con el mencionado «plan».

Cada período histórico (períodos cada vez más cortos, constantemente cambia el foco de «la noticia») tiene un tema central.

Por ejemplo: cada cuatro años las elecciones presidenciales en EE.UU. En 2008 los medios «progresistas de occidente» se decantaban efusivamente por el candidato demócrata frente al candidato republicano. Esos medios progresistas occidentales vendieron al candidato del partido demócrata como el más adecuado para los intereses de los pueblos del mundo. Resultó que el ganador de las elecciones, nominado a premio nobel de la paz casi antes de ser presidente —premio que luego le concederían— ordenó bombardear al menos ocho países durante su gobierno.

Periodismo domiciliario: los «youtuber»

Al mercado de los medios tradicionales en esta última década, y sobre todo estos dos años de «confinamiento», han surgido los «youtuber», una especie de periodismo domiciliario, donde pretenciosos expertos en casi todo como pastores evangelistas, desde la pantalla de una computadora y con pocos medios, fabrican opinión e intentan venderla.

Los «opinadores» se muestran sólidos, sin fisuras, omnicientes. Apabullan a quienes los ven e incluso estos no llegan a entender lo que aquellos nuevos sabios exponen: «entertainment new deal». Además hacen partícipe al espectador de sus programas (canal) al pedirle directamente que contribuya —¿instinto gregario revival?— y sea parte de él ¡aportando dinero!

La convicción con la que estos nuevos comunicadores expresan sus opiniones apabulla tal que un agente inmobiliario. [Entre toda la inabarcable oferta he llegado al encuentro de algunas excepciones de comunicadores, profesionales o incluso aficionados que construyen programas de cierta calidad y honestidad, que estudian, investigan y se avalan a sí mismos merced a los contenidos trabajados que transmiten, alguno de los cuales escucho].

Volviendo al tema central, sabemos que las agencias de noticias que controlan la mayoría de la información que los medios compran y distribuyen en sus periódicos pertenecen a tres grandes empresas:

    • Thomson Reuters (Agencia canadiense que absorbió a la británica Reuter en 2008);
    • Associated Press (AP: EE.UU.);
    • Agence France-Presse (AFP: Francia).
Manipulación y propaganda

El que fuera un pionero de la teoría y práctica de la manipulación de las masas a través del manejo de la información, sobrino del ya legendario Sigmund Freud, Edward Bernays, señaló en un libro ya clásico sobre el tema:

«La manipulación consciente e inteligente de los hábitos y opiniones organizados de las masas es un elemento de importancia en la sociedad democrática. Quienes manipulan este mecanismo oculto de la sociedad constituyen el gobierno invisible que detenta el verdadero poder que rige el destino de nuestro país. Quienes nos gobiernan, moldean nuestras mentes, definen nuestros gustos o nos sugieren nuestras ideas son en gran medida personas de las que nunca hemos oído hablar. Ello es el resultado lógico de cómo se organiza nuestra sociedad democrática» 3

No hay duda que la manipulación y la falsificación no son propiedad exclusiva de los medios de comunicación, como herramienta última del sistema. Desde la academia también llegan falsas «filosofías», falsas «medicinas», «psicologías», «pedagogías», etc. Pero eso sí, no podrá engañarnos jamás un albañil o un panadero. Salvo que uno sea un masoquista consuetudinario, podremos descubrirlos en la impostura o en la estafa: el objeto [la mercancía] que cada uno de ellos nos vende, aunque sea al terminar la obra o al llegar a casa y sacar el pan de la bolsa, el engaño será «real», «material»: el pan estará duro como un ladrillo o la pared se derrumbará como una tarta. Pero la noticia que nos vende un periódico o un político es más difícil que podamos comprobar su veracidad, requerirá sentido crítico, análisis e investigación, que por limitación de tiempo o capacidad material, interés propio o ideología no dispondremos y nos limitamos a aceptar como válida incluso por pereza o por cansancio, sometidos como estamos al «reino de la necesidad» cotidiana, la subsistencia.

En los medios y cadenas de transmisión las noticias falsas o sesgadas son las que más repiten machaconamente los profetas del engaño, como las ya tristemente famosas «armas de destrucción masiva» iraquíes, noticia falsa con la se justificó la destrucción y saqueo de un país milenario.

También es habitual que las masas acepten lo que la mayoría, sea por identificación «gregaria» o sea por temor a quedar fuera del grupo de «im-pertenencia»: la familia, la oficina, la fábrica, el sindicato, la barra de amigos del bar o la «red social» a la que se esté adscrito.

La condena desde los medios «occidentales» a la cultura rusa en todas sus manifestaciones nos recuerda a la propaganda antisemita del siglo pasado que ya sabemos la tragedia en la que desembocó. Los agitadores de los medios que repiten las consignas como si de un ritual se tratara, terminan siendo tomados en serio por la mayoría de los consumidores de noticias «porque corren el riesgo de quedar en ridículo» 4 Dichas noticias se transmiten invocando un falso y burdo sentimentalismo [el cuidado de la salud, la paz en el mundo, el hambre, el clima] con la intención perversa de hacer mella en quienes reciben la consigna ocultando lo esencial de las problemáticas de nuestras sociedades.

La actividad de pensar cede paso a la perversidad de clasificar y condenar sin más criterio que la consigna impuesta y asumida.

El pasado reina porque está olvidado, la amnesia social [Russell Jacoby] es un síntoma, quizá el más relevante de nuestra cultura en todas sus manifestaciones, las del «individuo» y las del colectivo: lo que se olvida, se repite en actos sin armonía ninguna y no siempre sin dolor. 

La falsificación de la historia

En el prólogo al libro de Robert Charvin «Rusofobia» 5, Michel Collon enumera algunas de las falsificaciones de la historia reciente por parte de los medios de occidente, entre ellos:

    • La rehabilitación en Ucrania de grupos colaboracionistas con el nazismo alemán, introduciendo pronazis antisemitas en el gobierno surgido del golpe de estado en Ucrania en 2014.
    • La presentación de la II G.M. como un asunto entre nazis y judíos silenciando el «Plan Ost» con el que Alemania pretendía exterminar al 40% de la población eslava.
    • La desvalorización de los verdaderos vencedores de la II G.M. y la negación de sus víctimas (unos 23 millones de personas perdió la URSS —a las que cada año desde 1945 se rinde homenaje en las calles de las ciudades rusas—, 20 millones China) poniendo como acontecimiento decisivo para la rendición alemana el desembarco de Normandía.

Rusia es objeto permanente de una propaganda satanizadora desde finales de los años noventa, cuando el plan de desintegración de su territorio, el expolio de sus riquezas naturales, quedó paulatinamente interrumpido por decisión, no sin obstáculos internos, del gobierno ruso.

Que duda cabe que los EEUU y sus aliados de la OTAN estarían encantados con un Boris Yeltsin en el Kremlin.

La insistente campaña de los medios occidentales contra Rusia facilitó el rápido rechazo de gran parte de los ciudadanos de la Europa occidental promovido por sus gobiernos —no así en el resto del mundo— a la cultura rusa en todas sus manifestaciones desde febrero de 2022: se cancelaron obras de teatro de autores rusos, se suspendieron conciertos, películas, se cerraron las fronteras y bloquearon cuentas de trabajadores rusos, todo con una velocidad pocas veces vista.

Un fantasma recorre Europa: el retorno del miedo a lo «ruso»

Cualquiera que esté mínimamente involucrado en alguna organización social, vecinal, sindical o política sabe que el comunismo como organización efectiva está muerto en occidente. Sin embargo se mantiene vivo en los millones de anticomunistas que permanentemente se dedican a condenarlo. Como dijo alguien que no recuerdo, el comunismo está vivo gracias a la condena que hacen de él los anticomunistas.

¿Qué puede lograrse con prohibir a Tchaikovski o al Ballet Bolshoi ante el conflicto histórico que Rusia y Ucrania mantienen con largos intervalos de convivencia, en este nuevo capítulo que comenzó a finales de lo noventa…?

La OTAN una organización militar «defensiva»

La OTAN, una organización creada para la defensa que destruyó Libia, Irak, Yugoslavia… cuyos estados miembros venden armas a Arabia Saudí para la destrucción de Yemen hace casi una década, donde han sido asesinados unos 400.000 yemeníes.

En su página oficial la «Organización del Tratado del Atlántico Norte» se define como una alianza político y militar cuya «finalidad es garantizar la libertad y la seguridad de sus países miembros por medios políticos y militares», dichos medios los define como 6:

POLÍTICOS: la OTAN promueve valores democráticos y permite que los miembros se consulten y cooperen cuestiones relacionadas con la defensa y la seguridad para solventar problemas, fomentar la confianza y, a largo plazo, evitar conflictos.

MILITARES: la OTAN tiene un compromiso de resolución pacífica de controversias. Cuando los esfuerzos diplomáticos no dan fruto, la fuerza militar emprende operaciones de gestión de crisis. Estas operaciones se llevan a cabo bajo la cláusula de defensa colectiva del tratado fundacional de la OTAN (Artículo 5 del Tratado de Washington) o por mandato de las Naciones Unidas, por sí sola o en cooperación con otros países y organismos internacionales.

La OTAN lleva años alertando de las intenciones satánicas de Rusia de invadir a sus vecinos europeos. Pero desde su creación son los EE.UU. y sus aliados de la OTAN que bajo el pretexto de la amenaza comunista o terrorista han invadido más de treinta países, entre ellos Corea y China 1950-1953, Guatemala 1954, Indonesia 1958, Cuba 1959-1961, Guatemala 1960, el Congo 1964, Laos 1964-1973, Vietnam 1961-1973, Camboya 1969-1970, Guatemala 1967-1969, Granada 1983, Líbano 1983-1984, Libia 1986, El Salvador 1980, Nicaragua, 1980, Irán 1987, Panamá 1989, Irak 1991, Kuwait 1991, Somalia 1993, Bosnia 1994, 1995, Sudán 1998, Afganistán 1998, Yugoslavia 1999, Yemen 2002, Irak 1991-2003-2015, Afganistán 2001-2015, Pakistán 2007-2015, Somalia 2007-2008-2011, Yemen, 2009-2011, Libia de 2011-2015, Siria 2014-2016….

A eso hay que sumar los golpes de estados promovidos o perpetrados en América: Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Costa Rica, República Dominicana, El Salvador, Guatemala, Haití, Nicaragua, Panamá, Paraguay, Perú… 7

Cuando EE.UU. y sus aliados consiguen colocar en algún país un gobierno afín a sus intereses, estupendo. Le brindarán «ayuda humanitaria» después de destruirlo, paliarán el hambre y la miseria que generan el expolio de sus riquezas y empujarán a sus habitantes a la marginación, la delincuencia, a la huida y a las guerras civiles que por lo general terminan desencadenándose.

El problema surge cuando el «imperio» se topa con un país que no se doblega: automáticamente pasa a formar parte del «eje del mal», comenzará a ser hostigado, se le aplicarán embargos, sanciones económicas, se bloqueará su comercio internacional, se le amenazará explícitamente, etc. buscando que sea el propio pueblo asfixiado el que se movilice para derrocar a su propio gobierno que aparecerá, con la fundamental intervención de los medios de comunicación, como culpable directo de sus desgracias.

Eurocentrismo: «manual de estilo»

Los gran mayoría de europeos aceptan sin cuestionamiento la primacía y por tanto la dependencia cultural y económica de EE.UU.: para el europeo medio Rusia no es Europa. Es totalmente legítimo querer adscribirse a la órbita de un país y su cultura. Un país y sus habitantes pueden desear pertenecer al reino británico o al de la comunidad de los esquimales, pero esa decisión legítima no implica que haya que despreciar y condenar al resto de países.

Eso se manifiesta con claridad en la prensa. Un ejemplo de esta posición ante los EE.UU. fue explícito en la portada de un periódico español del 24 de junio de 2022, cuando se produjo una de las innumerables avalanchas de personas sobre las vallas de la ciudad de Melilla, enclave español en tierras africanas.

Por el aplastamiento provocado por la intervención de los agentes de fronteras murieron al menos 25 personas y un centenar acabó hospitalizada. Unos 200 inmigrantes pudieron cruzar la valla de los 2000/3000 que lo intentaron. Pues bien, el periódico publicó como noticia principal -¿respondiendo al manual de estilo?- la decisión del Tribunal Supremo de los EE.UU. anulando la ley del aborto en ese país y la noticia del trágico suceso en las puertas de España, la ubicó en el faldón de la portada.

Hay un «narcisismo de las pequeñas diferencias» que es tolerable, incluso puede llegar a ser saludable para una cultura, para un pueblo, que intentará por ejemplo producir mejor vino que su vecino. 

Freud describió la hostilidad manifiesta y estructural entre sujetos o pueblos semejantes,

«Siempre que dos familias se unen por un matrimonio, cada una de ellas se considera mejor y más distinguida que la otra. Dos ciudades vecinas serán siempre rivales y el más insignificante cantón mirará con desprecio a los cantones limítrofes. Pueblos emparentados se repelen, el alemán del Sur no puede aguantar al del Norte; el inglés habla despectivamente del escocés y el español desdeña al portugués. La aversión se hace más difícil de dominar cuanto mayores son las diferencias y de este modo hemos cesado ya de extrañar la que los galos experimentan por los germanos, los arios por los semitas y los blancos por los hombres de color». [9. Freud, Sigmund. Psicología de las masas y análisis del yo.  Buenos Aires: Amorrortu, 2016, p. 71]

Y esas diferencias y hostilidad hacia otros pueblos se difuminan cuando el interés económico prevalece: se cuestiona en occidente e incluso se prohíbe el uso de vestimenta tradicional propia de una cultura y religión, pero se organiza un mundial de fútbol en un país donde esas vestimentas se imponen o se elige vestirlas.

El negocio borra las contradicciones.

Ciencia de la historia y periodismo

Destaca Pierre Vilar que «(…) la historia es el único instrumento que puede abrir las puertas a un conocimiento del mundo de una manera si no «científica» por lo menos «razonada»» 8.

Es innegable el valor de la prensa como fuente historiográfica. El historiador recurrirá a ella necesariamente. Para ello debe operar con prudencia ya que deberá valorar los sesgos ideológicos y propagandísticos del material que recabe. Con esto no descubrimos nada nuevo. Tan solo lo reiteramos. No es difícil calibrar a qué interés responde un periódico, una emisora de radio o televisión. Ningún medio, sea privado o público oculta para quien opera.

Por otra parte, no se le puede pedir a un periodista que sea historiador. No es su función. Del mismo modo que no se le puede pedir a un auxiliar de quirófano que coloque un by-pass. La función del auxiliar es velar, con conocimientos sanitarios específicos, por la asepsia del quirófano, la de los instrumentos, el traslado del paciente, asistir al cirujano. Como tampoco la función de un periodista es la de publicar un tratado de historia, — pero qué duda cabe que hay periodistas de prestigio que publican crónicas que están a la altura de un ensayo científico de historia!

Dentro del periodismo hay categorías definidas por la tarea: desde el periodista de campo que recoge información sobre los hechos cotidianos a los divulgadores y presentadores que comunican esa información al público. El trabajo del periodista de campo consiste en recabar los hechos, los acontecimientos del presente de la manera más precisa posible, aséptica, ética, en el terreno donde acontecen los eventos, pero que duda cabe que también debe tener conocimientos de ciencia de la historia para ejercer su función y poder aprehender la realidad que percibe.

Al menos así debería constar en su formación académica.

El historiador recurrirá a ese material periodístico, artículos, crónicas, materia prima indispensable para su trabajo.

Pese al desprestigio permanente en que se sumerge la función periodística, se sigue creyendo de forma acrítica en los medios, a sabiendas de que transmiten en muchas ocasiones información sesgada, como pudimos experimentar durante la presente pandemia. Esto es mucho más evidente y grotesco en el periodismo deportivo.

Quien puede dudar que el periodismo ejerce un semblante de poder! 

Pero también sabemos que la tinta de un periódico no siempre es negra, tiene el color del dinero de sus propietarios.

Luego tenemos los «laboratorios de ideas», los grupos de expertos «think tank», como describe Rafael Poch:

«Cuando un gobierno quiere divulgar [sus] posiciones echa mano de los medios de comunicación. Cuando quiere crearlas, utiliza a los “expertos”. Los “expertos”, como los periodistas, suelen comer de la mano del poder establecido, así que elaboran las posiciones que se espera de ellos. Para eso existe todo un entramado institucional de fundaciones, universidades, institutos y medios de comunicación, cuyo principal vector es esa servidumbre». 9.

Como afirma Rafael Poch la mayoría de los laboratorios de ideas están vinculados a intereses particulares, como inteligentemente satiriza El Mundo Today sobre los beneficios de la cerveza. 10

La superioridad económica y militar de la OTAN y sus socios de la Europa del oeste respecto a gran parte de países del mal llamado «tercer mundo» es irrefutable, pero eso no le da derecho a invadir sus territorios, bajo falsas amenazas («armas de destrucción masiva»), financiar golpes de estado e imponer gobiernos afines para así robarle sus riquezas.

Comprender el pasado, señala Pierre Vilar, es dedicarse a definir los factores económicos, culturales de una sociedad determinada; descubrir sus interacciones, sus relaciones de fuerza, y desvelar tras los textos, los archivos… las pulsiones e intereses (conscientes e inconscientes) que dictan los actos que la constituyen y van moldeando a los ciudadanos que la componen. Esa es la función del historiador.

Conocer el presente equivale, mediante al aplicación de los mismos métodos de observación, de análisis de crítica que exige la historia, a someter a reflexión la información deformante que nos llega a través de los medios. Esa tarea implica a las ciencias de la información.

Pero lamentamos comprobar cada día como cierto periodismo a sueldo vive enajenado bajo el «reino de la necesidad», lejos, muy lejos del ideal «reino de la libertad».

 

 


  1. Hume, David. Investigaciones sobre los principios de la moral. Prólogo, traducción y notas de Carlos Mellizo. Madrid: Alianza Editorial, 2006.
  2. Aubenas, Florence. Benasayag, Miguel. La fabricación de la información. Prólogo de Horacio González. Buenos Aires: Ediciones Colihue, 2005
  3. Bernays, Edward. Propaganda. Editorial Melusina, 2008.
  4. Adorno, Theodor W. Ensayos sobre la propaganda fascista. Barcelona: Ediciones Voces y Culturas, 2001.
  5. Charvin, Robert. Rusofobia. ¿Hacia una nueva guerra fría? Barcelona: El Viejo Topo, 2016.
  6. ¿Qué es la OTAN?. Página oficial: https://www.nato.int/nato-welcome/index_es.html#basic
  7. Bevins, Vincent. El Método Yakarta. Madrid: Capitán Swing, 2021.
  8. Pierre Vilar. Iniciación al vocabulario del análisis histórico. Barcelona: Crítica, 2003
  9. Rafael Poch. Preguntas sobre los “expertos”. https://rafaelpoch.com/2019/05/30/preguntas-sobre-los-expertos/
  10. El Mundo Today. «Los beneficios de la cerveza» del doctor Miguel Mahou Ámbar, del Instituto Heineken, podría no ser imparcial»: https://www.elmundotoday.com/2022/07/el-articulo-los-beneficios-de-la-cerveza-del-doctor-miguel-mahou-ambar-del-instituto-heineken-podria-no-ser-parcial/

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