«Rusofobia» y después…

En el primer párrafo de la «Investigación sobre los principios de la moral» 1 David Hume nos advierte:

«Las disputas con hombres que se obstinan en mantener sus principios a toda costa son las más molestas de todas, quizá con la excepción de aquellas que se tienen con individuos enteramente insinceros que en realidad no creen en las opiniones que están defendiendo, y que se enzarzan en la controversia por afectación, por espíritu de contradicción y por el deseo de dar muestras de poseer una agudeza y un ingenio superiores a los del resto de la humanidad».

Y continúa:

«De ambos tipos de personas debe esperarse la misma adherencia a sus argumentos, el mismo desprecio por sus antagonistas y la misma apasionada vehemencia en su empeño por hacer que imperen la sofistería y la falsedad. Y como el razonamiento no es la fuente de donde ninguno de estos dos tipos de disputantes saca sus argumentos, es inútil esperar que alguna vez lleguen a adoptar principios más sólidos guiándose por una lógica que no hable a sus afectos».

La «noticia» es anterior al suceso

Estas reflexiones invitan a sorprenderse de la capacidad de aprendizaje de los «divulgadores de noticias», «tertulianos»… para pasar de temas de «actualidad» como el SARS-CoV-2 a la cuenca del río Donets, describiendo y explicando ambos fenómenos, uno epidemiológico y sanitario, el otro geográfico, político e histórico con tanta soltura y prestancia en tan breve tiempo. Es admirable la «capacidad» que manifiestan, sabiendo de las dificultades académicas que requiere adquirir tales conocimientos, exponiéndolos de forma tan generosa y altruista en prensa, radio y televisión a sus semejantes que conforman masas ocupadas en menesteres pedestres, conocimientos que de otro modo no podrían tener a su alcance.

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