Wilhelm Reich (I): psicología de masas del fascismo

La «gran depresión capitalista» de los ´30 y el ascenso del fascismo

La «gran depresión capitalista» de los años treinta en Europa podía presagiar una revuelta social protagonizada por las organizaciones obreras y sindicales y por los partidos de izquierda. Pero por el contrario con el apoyo popular se produjo un ascenso de la extrema derecha, inspirada en el fascismo italiano, ascenso que se reflejó en los resultados electorales de julio y noviembre de 1932, donde el NSDAP, el Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán, se consolida como primera fuerza, «un partido sin historia, que surge repentinamente en la vida política de Alemania», y que desembocará en el nombramiento de Hitler como canciller imperial el 30 de enero de 1933.

Estos resultados electorales le permiten a Wilhelm Reich comprobar cómo la situación social y económica de las masas no se reflejan necesariamente en la conciencia social de los trabajadores y se dedica, en «Psicología de masas del fascismo» publicado en agosto de 1933, a investigar las raíces de esta contradicción.

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«Freudomarxismo»: ¿un proyecto epistemológico imposible?

El modo de producción de la vida material determina el proceso social, político e intelectual de la vida en general. No es la conciencia de los hombres lo que determina su ser, por el contrario, es su existencia social lo que determina su conciencia[1].

 

En la introducción a Psicología de las masas y análisis del yo, Freud resalta que no hay oposición entre psicología «individual» y psicología «social», es decir, no puede estudiarse y analizarse el comportamiento de un sujeto aislado sin contemplar las relaciones sociales en la que está inmerso.

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Psicoanálisis y Marxismo

El difícil y necesario encuentro entre dos pensamientos científicos, conjeturales y revolucionarios.

El «freudomarxismo» es un movimiento ideológico-crítico protagonizado por un grupo no organizado de psicoanalistas de la segunda generación que despliega su actividad en el ámbito cultural y político austro-alemán entre 1926 y 1933. Su proyecto histórico común es la integración de la teoría y de la práctica psicoanalítica al materialismo histórico y al movimiento obrero.

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Esclavitudes actuales.

El control social que se ejerce sobre los sujetos cambia con las épocas sociales e históricas, pero en esencia es el mismo que ya enunció Marx hablando de la esclavitud del «fetichismo» de las mercancías o el propio Heidegger[1] al plantear la esclavitud de la imagen y Hume que nos alertó del señuelo de la conexión necesaria[2], esto es, por ejemplo, en el ámbito de la «salud mental», la tendencia a atribuir a cada efecto (síntoma) —por ejemplo, una fobia— una causa objetiva que puede dominarse a través de un fármaco, un consejo o una técnica de modificación de conductas.

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La sexualidad: una «mercancía» contemporánea.

Podemos considerar que después de realizar una lectura atenta del Banquete de Platón, Freud es el primero que plantea formalmente la distinción entre sexualidad y sexo destacando que la sexualidad no está donde creemos que está, ya que la sexualidad está siempre de alguna manera en ausencia, no es observable ni visible, ni se reduce a una localización orgánica:

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La (mal)llamada «Salud Mental».

Bajo el área sanitaria que se dio en llamar «salud mental» —una «falsa alianza de palabras»[1]—, se cobijan y «especializan» diversas prácticas «psi»: la psiquiatría, considerada una especialidad de la medicina y subordinada por tanto a ella, la psicofarmacología, la psicología del trabajo y la educación social, la logopedia, etc., todas ellas con sus protocolos de intervención y regidas por manuales de categorización diagnóstica. El uso del término «salud mental» lleva implícita la idea de un diagnóstico, un pronóstico y un tratamiento protocolarios y por tanto de «enfermedad mental».

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